Las sirenas son unos seres legendarios con busto de mujer y cuerpo de ave, y que situados en lugares escarpados seducían a los hombres con sus cantos y su belleza.
Posteriormente su mitad de ave, fue cambiada por una o dos colas de pez para acentuar su simbolismo pasional, y pasaron a morar en las islas rocosas y los arrecifes.
Si comparamos la vida a un viaje, como hemos hecho repetidas veces en la traducción de los sueños, las sirenas figuran las emboscadas que nos tienden los deseos y las pasiones, ya sean nacidas del aire (de la mente) o del agua (de la propia pasión), pero sea como sea, son creaciones del inconsciente, símbolos del deseo en su aspecto más doloroso, el que lleva a la autodestrucción, pues las sirenas no pueden satisfacer los anhelos que provocan su canto y su belleza debido a que la anormalidad de su cuerpo se inicia más arriba de por donde deberían satisfacer la pasión.
Cuando las sirenas aparecen en los sueños hay que hacer como Ulises: amarrarse fuertemente al mástil del navío, que es el eje del espíritu, y que es lo único que puede permitirnos huir de las ilusiones de una pasión imposible y nefasta.